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La seguridad en casa es una de las principales preocupaciones cuando una persona vive con Parkinson. Los cambios en la marcha, el equilibrio o la movilidad pueden aumentar el riesgo de caídas y hacer que tareas cotidianas como ducharse, cocinar o levantarse por la noche resulten más difíciles. Sin embargo, adaptar el hogar no significa perder autonomía, sino favorecer una vida diaria más cómoda, segura y tranquila. Pequeños cambios como mejorar la iluminación, despejar zonas de paso, reforzar la seguridad en el baño o revisar el dormitorio pueden marcar una gran diferencia tanto para la persona como para su familia.