La ciática puede mejorar durante semanas y volver justo cuando parecía controlada. Reaparece con ese dolor que baja desde la zona lumbar hacia el glúteo o la pierna, a veces después de muchas horas sentada, de un esfuerzo puntual o incluso sin un motivo evidente.
Cuando ocurre, es normal pensar que el problema nunca terminó de irse. Y, en cierto modo, puede ser así: muchas veces el dolor se calma antes de que se hayan corregido del todo los factores que irritan el nervio, como una hernia o protrusión discal, una musculatura débil, demasiadas horas en la misma postura, estrés, mal descanso o una combinación de varios elementos.
Que la ciática vuelva significa que el nervio sigue sensible y que conviene entender qué lo está despertando. En este artículo veremos por qué se repiten los brotes, cuáles son los disparadores más frecuentes y qué puedes hacer para que cada episodio sea menos intenso y menos incapacitante.
¿Qué es la ciática?
La ciática no es una enfermedad en sí misma, sino un tipo de dolor que aparece cuando el nervio ciático, o alguna de las raíces nerviosas que lo forman, se irrita o se comprime.
Este nervio nace en la parte baja de la espalda y baja por el glúteo, la parte posterior de la pierna y, en algunos casos, hasta el pie. Por eso la ciática no suele quedarse solo en la zona lumbar. Puede sentirse como dolor, quemazón, hormigueo, calambre, pinchazos o debilidad en una pierna.
Lo importante es entender que la ciática no siempre duele igual ni por la misma causa. A veces está relacionada con una hernia o protrusión discal, es decir, con un disco de la columna que sobresale e irrita el nervio. Otras veces aparece por estrechamientos en la columna, tensión muscular, cambios degenerativos o una combinación de varios factores. Si quieres saber la causa de tu ciática consulta nuestro artículo Cómo identificar la causa de tu ciática.
¿Por qué vuelve la ciática?
La ciática suele volver porque el dolor puede calmarse antes de que se hayan corregido del todo las causas que irritan el nervio. Es decir, una cosa es que el brote mejore y otra que la zona haya recuperado fuerza, movilidad y tolerancia suficientes para soportar de nuevo el día a día.
A veces queda una hernia discal que sigue ocupando espacio, aunque esté menos inflamada. Otras veces hay un estrechamiento en la columna, desgaste articular o cambios propios del paso del tiempo que hacen que las raíces nerviosas tengan menos margen. También puede influir una musculatura de cadera y abdomen poco preparada, que obliga a la zona lumbar a trabajar más de la cuenta.